sábado, 31 de octubre de 2026

De puño y letra


La carta voló del nido,
se fue para no volver.
Sus letras quiero prender
en un fuego sin testigos.

Ella yace, ya perdida,
entre el moho y la ceniza,
en una tarde plomiza
se partió en dos su herida.

Aún espero tu regreso,
y te espero en tus palabras,
y el día que tu alma me abras,
por siempre quedaré preso.

Mi tiempo se murió helado,
me quedé rota en la esquina,
como mujer clandestina,
me hundo en papel mojado.

Con tu ausencia me casé,
y hasta el reloj quedó mudo.
Jamás llegó mi saludo,
ni mis dudas traspasé.

Nocturnos


Sientes truenos a lo lejos,

hueles la noche despierta,

el miedo retumba en espejos

de sombras que saben a hiel,

y el tiempo reclama el silencio.


Tu vientre arde de frío,

la sangre se corta en tus venas,

la luna tiembla en el río,

mientras las horas se alargan

en una danza sórdida y serena.


Te escondes entre tus certezas,

respiras cenizas a sorbos,

te encierras entre dos reflejos,

esperando la luz que se aleja,

hacia los temores sordos.


Las brisas de nuevas promesas

esperan con ansia el mañana.

Olas gigantes te abrazan,

llenando de fuerza tu alma,

y alzas el vuelo soñando con verlas.

Roja


Como llamas tatuadas en rojo carmesí,

incendias con tu tinta el pálido jardín.


Me clavas, silenciosa,

tu daga venenosa,

y robas de mis sueños

mi rosario de cristal,

que arrojas con desprecio

al abismo del volcán.


Pero más pronto que tarde

llegará San Valentín,

y de tu boca rencorosa,

empapada de carmín,

brotará la lava espesa

en una noche sin fin.


Y los fieles fervorosos, 

reunidos en el templo,

rezaremos en tu tumba, 

en la bóveda del tiempo...


Fiel testigo


Desde tus ángulos perfectos,

compartes las luces y sombras.

Fiel testigo, refleja tu esencia,

ni señalas, ni dictas, ni nombras.

Nadie se percata de tu presencia,

Nadie recuerda tu ausencia.