La carta voló del nido,
se fue para no volver.
Sus letras quiero prender
en un fuego sin testigos.
Ella yace, ya perdida,
entre el moho y la ceniza,
en una tarde plomiza
se partió en dos su herida.
Aún espero tu regreso,
y te espero en tus palabras,
y el día que tu alma me abras,
por siempre quedaré preso.
Mi tiempo se murió helado,
me quedé rota en la esquina,
como mujer clandestina,
me hundo en papel mojado.
Con tu ausencia me casé,
y hasta el reloj quedó mudo.
Jamás llegó mi saludo,
ni mis dudas traspasé.

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