Como llamas tatuadas en rojo carmesí,
incendias con tu tinta el pálido jardín.
Me clavas, silenciosa,
tu daga venenosa,
y robas de mis sueños
mi rosario de cristal,
que arrojas con desprecio
al abismo del volcán.
Pero más pronto que tarde
llegará San Valentín,
y de tu boca rencorosa,
empapada de carmín,
brotará la lava espesa
en una noche sin fin.
Y los fieles fervorosos,
reunidos en el templo,
rezaremos en tu tumba,
en la bóveda del tiempo...

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