El péndulo choca en mi mente,
la llave se rompe por dentro,
los bordes señalan el centro,
reflejo callado y ardiente,
impávido ante ti me encuentro.
Me envenené, ¿por qué te asombras?
¿Por qué ríes cuando me nombras?
Crees saber lo que está escrito
en los libros poligonales.
Roes huesos de prenatales,
infectas mi propio apetito,
me inoculas fiebres glaciales.
No obtendrás mi punto de fuga,
la inercia será exponencial,
desactivaré la señal,
sin un pliegue, sin una arruga,
con la clave piramidal.







