Sientes truenos a lo lejos,
hueles la noche despierta,
el miedo retumba en espejos
de sombras que saben a hiel,
y el tiempo reclama el silencio.
Tu vientre arde de frío,
la sangre se corta en tus venas,
la luna tiembla en el río,
mientras las horas se alargan
en una danza sórdida y serena.
Te escondes entre tus certezas,
respiras cenizas a sorbos,
te encierras entre dos reflejos,
esperando la luz que se aleja,
hacia los temores sordos.
Las brisas de nuevas promesas
esperan con ansia el mañana.
Olas gigantes te abrazan,
llenando de fuerza tu alma,
y alzas el vuelo soñando con verlas.

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