Nuestro Sol se despedía,
tras un sombrío tapiz.
La aventura nacería,
para este torpe aprendiz.
Algo del cielo caía...
La noche tornó en fulgor,
los ojos plenos de hielo,
mil esquirlas de estupor
florecían desde el cielo,
con un golpe atronador.
Por siempre quedé prendido,
me quedó la cicatriz,
de explosiones y de ruido,
de sabor a regaliz,
fiesta en mi pueblo perdido.

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