burbujas de hielo y cristal brotan,
y aunque en reflejos púrpuras insistas,
y aunque de lustres y fama te vistas,
huellas de señales ausentes flotan.
Cuando la brújula ordene parar,
cuando en la puerta no escuches pisadas,
cuando no haya más gloria que el altar,
¿en qué astro dejaremos de orbitar?
¿Hacia dónde apuntarán las miradas?
En la galaxia sin nombre te espero,
en el cometa del siglo perdido.
Sin excusas, sin rencor, sin acero,
bajo una nieve negra de febrero,
cuando el cero absoluto quede hundido.

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